miércoles, 1 de junio de 2011

Te Esperaré

De la nada se encontraba caminando por la calle, no tenía recuerdos en su mente pero muchos de los rostros que pasaban por su lado le parecían familiares y nadie se percataba de su presencia. Hace un par de minutos que sentía un dolor punzante en su cabeza, y al intentar recordar cosas de su pasado el dolor aumentaba, tratando de restarle importancia decidió acercarse a un par de personas para que lo ayudaran con algún tipo de indicación, pero nadie estaba dispuesto a responder a sus interrogantes y mucho menos a demostrar interés en sus palabras, se sentía ignorado, aquellas personas no tenían expresión en sus rostros y sus miradas estaban perdidas en algún lugar desconocido, luego de pensar un rato desorientado sobre qué camino seguir, decidió largarse del lugar indignado por no obtener ninguna ayuda.

Giró súbitamente, pero alcanzó a detenerse antes de chocar con una mujer, ante sus ojos ella era excepcionalmente hermosa y quedó prendido inmediatamente de su rostro, de su cuerpo y de su mirada, se sentía embriagado por su aroma, pero en el fondo de su corazón presentía que la conocía de algún lugar, algo en su mirada le resultaba familiar, trató de indagar en sus recuerdos pero las lágrimas que rodaban por sus mejillas se lo impedían. El deseaba abrazarla y no soltarla jamás para poder calmar sus penas y poder encontrar un nuevo rumbo en su vida.

Estaba tan perplejo contemplándola que no se dio cuenta que su cuerpo ya no respondía sus órdenes, sentía su cuerpo entumido y una gran presión a su alrededor. Pequeñas manos que no podía ver lo sujetaban y arrastraban lentamente hacia la oscuridad, pero cada segundo que pasaba avanza más rápidamente, luchó con todas sus fuerzas para poder zafarse de esas pequeñas cadenas invisibles, sabía que si no luchaba para liberarse no podría saber la verdadera identidad de aquella mujer. De pronto sintió un leve alivio, ya que sus pequeños opresores cedían poco a poco hasta que quedó completamente libre, instantáneamente comenzó a correr hacia la mujer que tanto deseaba, pero al momento de intentó sujetar sus hombros sintió una pequeña barrera que la cubría e impedía sentir su cuerpo. Empujó con todas sus fuerzas aquel escudo, intento golpearlo son sus puños pero lo único que consiguió fue un gran dolor en sus manos y una terrible frustración.

Luego de varios intentos fallidos de uno de sus golpes apareció un enorme destello que lo cegó por un par de segundos, pero cuando pudo recuperarse todo cambió, el entorno y hasta aquella mujer sufrieron grandes modificaciones. En ella se dibujaron lentamente pequeños pliegues y leves manchas en su rostro, su vista se nublaba y su cabello emblanqueció. Al ver el rostro envejecido de su amada una infinidad de recuerdos volvieron a su mente, recuerdos de una gran vida juntos, recuerdos que terminaban con él dormido en su cama.

Instantáneamente un par de pequeñas lagrimas de resignación brotaron de sus ojos, entonces comprendió que ese lugar no era el suyo, que había llegado el momento de partir, debía entregarse a esas pequeñas manos que alguna vez lo tuvieron cautivo y dirigirse a su nuevo hogar y al momento que sentía inmóvil nuevamente, susurró al oído de la mujer –“Te esperaré”- Y su cuerpo se perdió entre las sombras.